Hoy leía un artículo sobre el mejor profesor de mi vida y, como siempre, es cuando me acuerdo de todos, de los pasados (de algunos más que de otros) y de los presentes.
Y veo la necesidad más que nunca de valorarlos, no ya porque, indudablemente lo merezcan, sino por el miedo a que les llegue la desilusión de los años y sabrán las Moiras cuántos alumnos se queden sin la posibilidad de hacer que los despierten, que les descubran mundos.
Y sé que no es la primera vez que escribo sobre la importancia de amar el trabajo (y más si tiene la de ser los responsables de que las personas decidan su rumbo), pero cada vez que pienso más en ello, más en deuda me siento, por lo que me enseñaron, de letras, de literatura, pero sobre todo por lo que me enseñaron sobre la lógica, el (como dice el artículo) porqué y el porqué no tienes razón (ellos saben que no la tuve muchas veces).
Nunca vi que mi destino fuera la docencia, pero en este mundo en el que he tenido la suerte de sumergirme, no se puede decir que no. Y si algún día tengo que reunir el valor necesario para plantarme ante 20 (ojalá que no menos) sobrehormonados jóvenes y hablarles durante horas sobre acusativos, supinos, Homero, optativos oblicuos, César y todas esos ancianos venerables a los que les dio por escribir (ya ves tú la estupidez) en lenguas que nadie habla, quiero ser como ellos.
lunes, 6 de mayo de 2013
sábado, 23 de marzo de 2013
Eterno retorno
Bebió de un trago media cerveza y miró de nuevo a la mesa
donde ella estaba hacía un momento. Aún quedaba la marca de sus labios en el
vaso y ese olor, que teñía la atmósfera de un bar cualquiera.
Volvió al día siguiente, a la misma hora, y esperó paciente
que volviese a entrar, a pedir su refresco de medio día, a reír mientras leía
ese libro (“tengo que averiguar cuál es”, pensó) y a volver a salir, dejando el
ambiente enrarecido y su corazón a punto de estallar.
Así llevaba casi una semana, viéndola entrar, fijándose en
cada detalle (acaso podría hacer, aunque quisiera, otra cosa), en cada hoyuelo
de sus mejillas al sonreír, en la forma de coger el vaso, distraída mientras
pasaba a la página siguiente, dar un sorbo corto y volver a dejarlo en la mesa,
en cómo de vez en cuando levantaba la mirada y echaba un vistazo a la barra del
bar (habría jurado que hasta lo veía) antes de volver a fijar sus grandes ojos
negros en su libro, en cómo al terminar de beber pedía la cuenta con un leve
gesto de su muñeca y ponía la cantidad exacta encima de la mesa antes de
levantarse y volver a abandonarlo sin siquiera saber que existe.
Todos los días postergaba pronunciar las palabras que
reposaban entre sus dientes hasta la siguiente cerveza. Esa siguiente cerveza
que siempre pedía demasiado tarde. Todos los días pensaba que mañana no
esperaría tanto. Y mañana llegaba pero él bebía de un trago media cerveza y
miraba de nuevo a la mesa donde ella estaba hacía un momento.
martes, 5 de febrero de 2013
Rentabilidad
Hoy leía unas declaraciones del ministro Wert diciendo que 'los estudiantes han de guiarse por las salidas a la hora de escoger un itinerario en sus estudios', es decir, todo lo contrario a lo que siempre, profesores, familiares, orientadores y un largo etcétera me dijo siempre. Vale, no soy imparcial en este tema, pero a mí me llegó el mensaje de 'estudia lo que se te dé bien, lo que te haga feliz, aquello que te motive y así, seguro que serás el mejor en ello'. Ya está suficientemente mal la cosa, las salidas de TODAS las carreras (y no es que me alegre por ello), como para llenar las aulas de alumnos desganados y futuros profesionales sin vocación.
Hoy es uno de esos días en los que me acuerdo de cuánto dudé antes de arriesgarme a mis lenguas 'muertas' (me negaré siempre a quitarle las comillas a algo que me hace sentir tan viva) y de los consejos que me dieron. También recuerdo ver a profesores a los que se le iluminaba la mirada al explicar su materia, a profesores que se pasaban horas en sus casas para buscarte tal libro, tal etimología o tal material simplemente porque había sido mencionado en clase, así como profesores que no lograban transmitirte ni un ápice de interés por su materia. Y es entonces cuando, al leer las palabras de Wert, pienso que vale un millón más un profesional que ama su trabajo y se dedica a él las horas que haga falta que cualquier otro. Diga lo que diga aquel que 'fomenta' la educación y la cultura, gracias, pero no, tomé esa decisión y la tomaría siempre.
Hoy es uno de esos días en los que me acuerdo de cuánto dudé antes de arriesgarme a mis lenguas 'muertas' (me negaré siempre a quitarle las comillas a algo que me hace sentir tan viva) y de los consejos que me dieron. También recuerdo ver a profesores a los que se le iluminaba la mirada al explicar su materia, a profesores que se pasaban horas en sus casas para buscarte tal libro, tal etimología o tal material simplemente porque había sido mencionado en clase, así como profesores que no lograban transmitirte ni un ápice de interés por su materia. Y es entonces cuando, al leer las palabras de Wert, pienso que vale un millón más un profesional que ama su trabajo y se dedica a él las horas que haga falta que cualquier otro. Diga lo que diga aquel que 'fomenta' la educación y la cultura, gracias, pero no, tomé esa decisión y la tomaría siempre.
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