sábado, 23 de marzo de 2013

Eterno retorno


Bebió de un trago media cerveza y miró de nuevo a la mesa donde ella estaba hacía un momento. Aún quedaba la marca de sus labios en el vaso y ese olor, que teñía la atmósfera de un bar cualquiera.
Volvió al día siguiente, a la misma hora, y esperó paciente que volviese a entrar, a pedir su refresco de medio día, a reír mientras leía ese libro (“tengo que averiguar cuál es”, pensó) y a volver a salir, dejando el ambiente enrarecido y su corazón a punto de estallar.
Así llevaba casi una semana, viéndola entrar, fijándose en cada detalle (acaso podría hacer, aunque quisiera, otra cosa), en cada hoyuelo de sus mejillas al sonreír, en la forma de coger el vaso, distraída mientras pasaba a la página siguiente, dar un sorbo corto y volver a dejarlo en la mesa, en cómo de vez en cuando levantaba la mirada y echaba un vistazo a la barra del bar (habría jurado que hasta lo veía) antes de volver a fijar sus grandes ojos negros en su libro, en cómo al terminar de beber pedía la cuenta con un leve gesto de su muñeca y ponía la cantidad exacta encima de la mesa antes de levantarse y volver a abandonarlo sin siquiera saber que existe.
Todos los días postergaba pronunciar las palabras que reposaban entre sus dientes hasta la siguiente cerveza. Esa siguiente cerveza que siempre pedía demasiado tarde. Todos los días pensaba que mañana no esperaría tanto. Y mañana llegaba pero él bebía de un trago media cerveza y miraba de nuevo a la mesa donde ella estaba hacía un momento.

martes, 5 de febrero de 2013

Rentabilidad

Hoy leía unas declaraciones del ministro Wert diciendo que 'los estudiantes han de guiarse por las salidas a la hora de escoger un itinerario en sus estudios', es decir, todo lo contrario a lo que siempre, profesores, familiares, orientadores y un largo etcétera me dijo siempre. Vale, no soy imparcial en este tema, pero a mí me llegó el mensaje de 'estudia lo que se te dé bien, lo que te haga feliz, aquello que te motive y así, seguro que serás el mejor en ello'. Ya está suficientemente mal la cosa, las salidas de TODAS las carreras (y no es que me alegre por ello), como para llenar las aulas de alumnos desganados y futuros profesionales sin vocación.
Hoy es uno de esos días en los que me acuerdo de cuánto dudé antes de arriesgarme a mis lenguas 'muertas' (me negaré siempre a quitarle las comillas a algo que me hace sentir tan viva) y de los consejos que me dieron. También recuerdo ver a profesores a los que se le iluminaba la mirada al explicar su materia, a profesores que se pasaban horas en sus casas para buscarte tal libro, tal etimología o tal material simplemente porque había sido mencionado en clase, así como profesores que no lograban transmitirte ni un ápice de interés por su materia. Y es entonces cuando, al leer las palabras de Wert, pienso que vale un millón más un profesional que ama su trabajo y se dedica a él las horas que haga falta que cualquier otro. Diga lo que diga aquel que 'fomenta' la educación y la cultura, gracias, pero no, tomé esa decisión y la tomaría siempre.

viernes, 28 de diciembre de 2012

ἰστορίη


Un día, el hombre se despertó, no recordaba nada del pasado, pero sabía que algo había sucedido antes que él. Era curioso, investigó. Si bien sus investigaciones se basaban en lo que unos y otros contaban mintiendo, siempre habría algo de verdad en sus palabras (al fin y al cabo, el hombre no es tan creativo como para imaginarlo todo desde cero). El hombre que ya había perdido la memoria una vez, decidió que esta vez no la perdería y así fue como escribió cada palabra, cada historia.
Un día, vinieron los bárbaros. Arrasaron el pueblo del hombre y a él mismo lo mataron y clavaron su cabeza en una estaca por haberse atrevido a recordar y a tratar de llegar a la verdad. Queda como testimonio aún su cráneo en una puerta de lo que algún día fue su casa y ahora es escombro, para que los futuros hombres sepan que el pasado es lo que cuentan y ponerlo en duda no es opción.
Un día, otro hombre se despertó, pensó en la calavera solitaria que había visto en sueños y decidió buscar lo que sin duda el hombre al que había pertenecido habría escrito en vida. Y lo encontró. Pero ya hacía eones de aquello y las letras no eran las mismas, y las palabras no tenían sentido. Este hombre no cejó en su empeño y consiguió entenderlo y casi traducirlo (pero al hacerlo se percató de que no hay manera humana de traducir una lengua a otra, pues cada una refleja una visión del mundo y ya se sabe que no hay dos iguales). Intentó enseñar su descubrimiento al mundo y lo tomaron por loco, intentó que otros aprendieran a entender lo que el pretérito hombre quiso decir para así entender un poco mejor el mundo y cómo habían llegado a aquella sociedad presente.
Un día, ese otro hombre fue abandonado por su pueblo en una cueva, ‘está loco’ decían los padres a sus hijos, ‘nunca nos servirá de nada’ decían los dirigentes y de ello se convencían los ciudadanos. Y así fue cómo el pueblo fue arrastrado otra vez hacia una invasión bárbara, hacia un futuro sin pasado, hacia una espiral de cometer los mismos errores. Y así fue cómo murió solo el otro hombre, junto a los textos que contaban una invasión bárbara en el pasado, junto a los paralelismos que sólo él pudo ver, junto a un montón de lenguas muertas.